Nacimiento e infancia

Nació, en San Hipólito de Voltregá, cerca de Vic, provincia de Barcelona, el 21 de junio de 1850. Fueron sus progenitores Hipólito Gallifa y Magdalena Palmarola. Renació el mismo día a la vida cristiana administrándosele, en la parroquia, el bautismo que la purificó del pecado original e instaló en la esencia de su alma y facultades el llamado “organismo de la vida de santidad”, quedando, automáticamente, incorporada a la iglesia católica de manera externa y social, interna y sobrenatural. El sacramento pentecostal le fue administrado, poco después, en la iglesia de la Merced de Vic. La plenitud de sus dones, intelectuales y morales, y sus frutos se dejó sentir en toda su vida, enriquecida de continuo con el soplo vivo y dinámica del Espíritu Santo.

Y como cada cuna es un interrogante, la historia, que es luz de la verdad y magisterio de la vida, cuidará de evidenciar que Teresa, armonizando la libertad y la gracia en su unidad personal, se esforzó en escalar las más elevada cumbres de la santidad modelándose en la Escuela de Cristo crucificado y de su Madre dolorosa.

En la regeneración bautismal, sus padres le impusieron  el nombre de Teresa encomendándola al patronato de la “Madre de los espirituales”, Santa Teresa de Ávila. Así se comprende que Madre Fundadora inculcase a sus Hijas la devoción teresiana, cultivándola ellas, con esmero y diligencia, en la lectura, paladeo y operativa de las obras de la mística doctora.

La familia fue de condición humilde: Pobre. Más sana de cuerpo y espíritu. Sangre limpia y alma diáfana y transparente, como un lago montañero. Dios la había dotado de natural vivo y de inteligencia despierta. Ella diría, en su autobiografía que de niña fue muy “traviesa”. No obstante gustaba estar al lado de su madre. “Mi madre – dice – tenía gran interés en prepararme para la primera comunión, que hzo nacer en mí un gran deseo de comulgar”.