Nacimiento e Infancia II

En adelante, no faltará a la cita con Jesús, en todas las fiestas principales; y con más frecuencia después. También la Virgen tiene preferencia en el corazón de Teresa que vive la que se denomina hoy “piedad filial mariana”. Su prima Dolores diría de ella: “En aquel entonces ya llevaba Teresa el sello de lo que sería más adelante”. “Desde niña -afirma Teresa- tuve siempre grandes deseos de ser buena teniendo gran gran amor y temor filial de Dios”.

Huérfana de padre a los cinco años, queda su madre convertida en mujer de faenas, en una casa de campo, cuyos dueños trataron a Teresa duramente. Consignamos aquí un hecho significativo. Pastorcita de un hato de cabras se le extravía una. Corriendo en su búsqueda cae en un barranco, y sangra no poco. Este hecho, mirándolo en lontananza o perspectiva de futuro, puede ser un presagio carismático. Un día el Señor la llamaría para buscar y acoger personas, las jóvenes, que, extraviadas de las rutas de la fe y moral cristianas, ella guiaría al redil del Buen Pastor. A la sazón le sangrará su cuerpo. Fundadora que sería del Hogar, para jóvenes gestantes, le afligiría con la penitencia que expía y repara, e implora en bien del prójimo amado.

La alfabetización de Teresa corrió de cuenta de su madre que le enseñó lo poco que sabía. como se verá fue una especie de “autodidacta a lo divino”. Aprovechó cuanto pudo de quienes la instruyeran: médico de Vic y Manlleu -que la prepararon para los dos cursos de matrona que aprobó en la Facultad de Medicina de Barcelona-, y sacerdotes que la formaron en religión y moral, y en la ciencia del Espíritu que fue su acabado Maestro. Era una enamorada de Jesucristo y de la Buena Nueva que vino a predicar y ejemplarizar. Sus dictados y escritos hacen patente una verdadera madurez espiritual.